¡¡ALERTA SPOILER!!
No me hago responsable de destrozar su corazón yo ya voy avisando. Esto lo vas a leer con tu propia responsabilidad.
"Amante
Oh , cómo he odiado esta palabra. Suena pretenciosa, como si fuera siempre una traducción del francés. Con ese matiz ilícito, de afectos ilegítimos. Su significado concreto es: persona que mantiene una relación amorosa. Algo transitorio. Falto de compromiso. Inextricablemente unido al sexo.
Nunca he querido amantes. Para cambiar de opinión, debo remontarme a las raíces de la palabra. Porque, aunque nunca he querido amantes, siempre he querido amar y ser amado.
No hay palabra que designe a quien recibe amor. Solo lo hay para quien lo da. Se asume que los amantes van en pareja.
Cuando digo: sé mi amante , no quiero decir: tengamos un lío. No quiero decir: acuéstate conmigo. No quiero decir: sé mi secreto.
Quiero volver a la raíz de esa palabra.
Quiero que seas tú quien me ame.
Quiero ser yo quien te ame
¡¡ALERTA SPOILER!!
No me hago responsable de destrozar su corazón yo ya voy avisando. Esto lo vas a leer con tu propia responsabilidad.
"Casi siempre, la vida del ser humano es repugnante.
Los videojuegos son lo único que la hacen soportable.
Almanaque de Anorak,
capítulo 91, versículos 1-2"
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"Salí de mi cuenta de Oasis y me serví de mi equipo para
conectarme a una cuenta distinta que me habían asignado
exclusivamente para el trabajo. Tras completar el proceso de conexión, asumí el control de un avatar de Happy Helpdesk, un hombre guapo y apuesto fabricado en serie a imagen y semejanza del Ken de la Barbie, que yo usaba para atender las llamadas al servicio técnico. Ese avatar aparecía en medio de un inmenso centro de atención telefónica virtual, instalado en el interior de un cubículo virtual, delante de un ordenador virtual, equipado con unos auriculares virtuales.
Para mí,ese lugar era mi infierno particular y virtual.
Helpful Helpdesk recibía millones de llamadas al día, de todo el mundo. Veinticuatro horas al día, siete días a la semana, trescientos sesenta y cinco días al año. Un cretino indignado y torpe tras otro. No había tiempo libre entre llamadas, porque la lista de espera era siempre de varios centenares de inútiles, todos ellos dispuestos a esperar durante horas para que un técnico les llevara de la manita a resolver su problema. ¿Para qué molestarse en buscar la solución online? ¿Para qué intentar resolverlo tú mismo, cuando podías pagara alguien para que pensara por ti?"
¡¡ALERTA SPOILER!!
No me hago responsable de destrozar su corazón yo ya voy avisando. Esto lo vas a leer con tu propia responsabilidad.
"Pero yo quería a Aspen: hacía ya casi dos años que le amaba. Y él me quería a mí. Con él ahí delante, acariciándome el pelo, no podía imaginarme siquiera entrar en la Selección. Yo ya estaba enamorada.
—¿A ti qué te parece? La Selección, quiero decir.
—Está bien, supongo. Tendrá que buscarse una chica «de algún modo», el pobre
—contestó, y en su voz detecté una nota de sarcasmo.
Pero necesitaba saber qué opinaba.
—Aspen...
—Vale, vale. Bueno, una parte de mí piensa que es algo triste. ¿Es que el príncipe no sale con chicas? Quiero decir... ¿De verdad no puede conseguir a «ninguna»? Si intentan casar a las princesas con otros príncipes, ¿por qué no hacen lo mismo con él? Por ahí debe de haber alguna chica de familia real que valga la pena. No lo entiendo. Eso, por una parte.
"A Leon Werth:
Pido perdón a los niños por haber dedicado este libro a una persona mayor. Tengo una seria excusa: esta persona mayor es el mejor amigo que tengo en el mundo. Tengo otra excusa: esta persona mayor es capaz de entenderlo todo, hasta los libros para niños. Tengo una tercera excusa: esta persona mayor vive en Francia, donde pasa hambre y frío. Verdaderamente necesita consuelo. Si todas esas excusas no bastasen, bien puedo dedicar este libro al niño que una vez fue esta persona mayor. Todos los mayores han sido primero niños. (Pero pocos lo recuerdan). Corrijo, pues, mi dedicatoria:
A LEON WERTH
CUANDO ERA NIÑO"
"—Hace millones de años que las flores tiene espinas y hace también millones de años que los corderos, a pesar de las espinas, se comen las flores. ¿Es que no es cosa seria averiguar por qué las flores pierden el tiempo fabricando unas espinas que no les sirven para nada? ¿Es que no es importante la guerra de los corderos y las flores? ¿No es esto más serio e importante que las sumas de un señor gordo y colorado? Y si yo sé de una flor única en el mundo y que no existe en ninguna parte más que en mi planeta; si yo sé que un buen día un corderillo puede aniquilarla sin darse cuenta de ello, ¿es que esto no es importante?
El principito enrojeció y después continuó:
—Si alguien ama a una flor de la que sólo existe un ejemplar en millones y millones de estrellas, basta que las mire para ser dichoso. Puede decir satisfecho: “Mi flor está allí, en alguna parte…” ¡Pero si el cordero se la come, para él es como si de pronto todas las estrellas se apagaran! ¡Y esto no es importante!
No pudo decir más y estalló bruscamente en sollozos.
La noche había caído. Yo había soltado las herramientas y ya no importaban nada el martillo, el perno, la sed y la muerte. ¡Había en una estrella, en un planeta, el mío, la Tierra, un principito a quien consolar! Lo tomé en mis brazos y lo mecí diciéndole: “la flor que tú quieres no corre peligro… te dibujaré un bozal para tu cordero y una armadura para la flor…te…”. No sabía qué decirle, cómo consolarle y hacer que tuviera nuevamente confianza en mí; me sentía torpe. ¡Es tan misterioso el país de las lágrimas! "
"—Por favor… domestícame —le dijo.
—Bien quisiera —le respondió el principito pero no tengo mucho tiempo. He de buscar amigos y conocer muchas cosas.
—Sólo se conocen bien las cosas que se domestican —dijo el zorro—. Los hombres ya no tienen tiempo de conocer nada. Lo compran todo hecho en las tiendas. Y como no hay tiendas donde vendan amigos, los hombres no tienen ya amigos. ¡Si quieres un amigo, domestícame!
—¿Qué debo hacer? —preguntó el principito.
—Debes tener mucha paciencia —respondió el zorro—. Te sentarás al principio un poco lejos de mí, así, en el suelo; yo te miraré con el rabillo del ojo y tú no me dirás nada. El lenguaje es fuente de malos entendidos. Pero cada día podrás sentarte un poco más cerca…
El principito volvió al día siguiente.
—Hubiera sido mejor —dijo el zorro— que vinieras a la misma hora. Si vienes, por ejemplo, a las cuatro de la tarde; desde las tres yo empezaría a ser dichoso. Cuanto más avance la hora, más feliz me sentiré. A las cuatro me sentiré agitado e inquieto, descubriré así lo que vale la felicidad. Pero si tú vienes a cualquier hora, nunca sabré cuándo preparar mi corazón… Los ritos son necesarios.
—¿Qué es un rito? —inquirió el principito.
—Es también algo demasiado olvidado —dijo el zorro—. Es lo que hace que un día no se parezca a otro día y que una hora sea diferente a otra. Entre los cazadores, por ejemplo, hay un rito. Los jueves bailan con las muchachas del pueblo. Los jueves entonces son días maravillosos en los que puedo ir de paseo hasta la viña. Si los cazadores no bailaran en día fijo, todos los días se parecerían y yo no tendría vacaciones.
De esta manera el principito domesticó al zorro. Y cuando se fue acercando el día de la partida:
—¡Ah! —dijo el zorro—, lloraré.
—Tuya es la culpa —le dijo el principito—, yo no quería hacerte daño, pero tú has querido que te domestique…
—Ciertamente —dijo el zorro.
—¡Y vas a llorar!, —dijo él principito.
—¡Seguro!
—No ganas nada.
—Gano —dijo el zorro— he ganado a causa del color del trigo."
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